Tradición y progreso en Turquía

11 abril de 2013 por Josune Murgoitio
Tradición y religión en Turquía

Mezquita y casas/ Izmir. J.M

En la estación de autobús en Bilbao, una pareja joven se besa en los labios sin pudor y me parece extraño. Entiendo lo que se dice a mi alrededor, pero no escucho los cantos místicos de ese señor, que entona para toda la ciudad cinco veces consecutivas al día desde centros espirituales. “Hard working”, pienso yo. Paseo por las calles del lugar sin estímulos (=Mondragón), a falta de horas de sueño sin acumular y la mente perdida en fronteras alejadas de la Unión Europea. Las pintadas continúan en sus mismos lugares y el orden de las calles es total. Las personas caminan en silencio, no se ven mesitas ni sillas a las puertas de los comercios para tomar un té o comer algo y no pueden comprarse mejillones o castañas a cada diez metros.

En el vuelo de ida a Istanbul me encontré con el ex lehendakari Patxi López. Pude haberme acercado y preguntarle sobre la quietud del actual escenario político en Euskadi, incluso aventurarme a hacerlo sobre el reciente proceso de paz impulsado en Turquía. Pero él estaba de vacaciones, imagino, porque yo sí que lo estaba, y viajé, esta vez, con el objetivo de desconectar completamente de Euskadi, España, crisis económicas y preocupaciones laborales.

Nada más llegar a Istanbul, conocí la comisaría del Aeropuerto de Atatürk. Pude ver el calabozo y la actitud insolente del policía. Recordé la prisión de Palmasola e imaginé cómo sería en Turquía. Al chico de los ojos verdes le robaron su mochila y nos pasamos dos horas identificando, en vídeos grabados por cámaras situadas estratégicamente, a un hombre que, con gorra y vestimenta extraña, llevaba consigo objetos ajenos. El policía y el chico de los ojos verdes me preguntaron si podía identificar el número del taxi en el que se había montado el ladrón. Aquel número no era muy legible, y respondí, insegura, que creía que podía ser un número determinado. Extrañamente, me hicieron caso y después de muchos trámites y una hora más, a la salida de la comisaría, cruzando una autovía, nos encontramos con el mismo taxi que había llevado al ladrón, que acabó trasladándonos a nosotros a Taksim, el barrio en las altitudes de la ciudad que soporta el progreso del país, o eso opino yo.

Olimpiadas 2020 Istanbul

Istanbul compite con Madrid para las Olimpiadas de 2020/ Besiktas J.M

Asia y Europa en Istanbul

Parte asiática de Istanbul desde Europa/ J.M

Cuanto más conozco Turquía más tradicional me parece. Recordé las palabras de Mikel Ayestaran, en el documental los “ojos de la guerra” en el que decía que muchas veces la tradición pesa más que la religión. Aunque yo creo que ambos están íntimamente relacionados. Asistí a la discusión entre un musulmán que le llamó la atención a un ateo por besar a su novia en la mejilla en el metro, no comprendía muy bien qué decía, por las palabras claves de “Corán” y “Mahoma” pude entender la falta de respeto a la que aludía el religioso.

Asistí también a la segunda fiesta previa a una boda. Era domingo por la mañana, estaba cansada, el día anterior estuvimos tomando cervezas en un bar y bailando, al son del live music, canciones turcas, que yo no entiendo, pero que tarareo con mucho morro. Me llevaron a una terraza en Aliaga, barrio situado a 60 kilómetros de Izmir. Era un día soleado, en la terraza podían verse las máquinas de energías renovables. La vista era espectular; se veían las terrazas de las casas construidas en las cuestas del barrio. Los hombres bebían vodka, las mujeres coca-cola o vino. Yo me dediqué a la coca-cola, hasta que me llevaron al interior de la casa. La entrada del domicilio estaba repleta de zapatos, en el interior  mujeres y niños descalzos. Nos asomamos por el balcón y escuchamos los primeros ritmos de música tradicional turca. Nos calzamos a la salida de la casa, bajamos a la calle y la familia de la futura esposa comenzó a bailar para festejar que la hija abandonaba el domicilio.

Me invitaron a bailar. Los pasos eran bastante sencillos y accedí. Allí estuvimos un rato  hasta que pararon un momento para acceder a la habitación donde estaban todos los regalos de la boda en la casa. Subir escaleras, descalzarse y adentrarse en la casa. Cada uno de los asistentes cogió un regalo y lo bajó a la calle para colocarlo en la camioneta que llevaría las sábanas, la TV… al nuevo domicilio. Hice lo propio y una vez se colocó todo en la camioneta volvieron a bailar.

La novia estaba muy contenta. El novio también, aunque un poco estresado, se le veía atento a que todo saliera  bien. Ambas familias arropaban a los futuros marido-esposa. Me pareció un acto muy bonito y envuelto con mucho amor. Ya habían festejado el acto del compromiso, cuando él le pidió la mano y aun quedaba, a diez días de casarse, la tercera fiesta que debe consistir en polvos de colores que pintan las manos de mujeres y hombres como símbolo de la unión y la fortaleza.

Ese mismo día, fuimos a Izmir y tomando un café, pasó un grupo de jóvenes con caretas de V de Vendetta. Imaginé que algo reivindicaban. Pregunté el qué. Me dijeron que siendo Turquía constitucionalmente laica, lo fuera de verdad, en sintonía con el partido de la oposión al AKP de Erdogan. Aunque matizaron que, mostrándose de izquierdas, en realidad, era también conservador.

Volví a escuchar los problemas de visado y el sufrimiento que genera tener que hacer el servicio militar obligatorio. En una casa, tomando el té, me preguntaron qué opinaba sobre el encuentro entre políticos, intelectuales, músicos, actores y kurdos para intentar buscar una solución al conflicto kurdo. Respondí que todo intento de paz es necesario y todo diálogo imprescindible para llegar a una solución. Los turcos que conozco tienen dudas sobre qué solución alcanzar en este conflicto, dicen que los kurdos no respetan la bandera turca y que han provocado la muerte de 30.000 personas. Recordé entonces a David Beriain en el documental “los ojos de la guerra”; en un conflicto no existe un bando bueno o malo. No conozco en profundidad el conflicto kurdo, es ahora cuando empiezo a saber de él, pero sé , por propia experiencia en Euskadi, en un conflicto que se ha saldado la vida de muchas personas, tanto física como psicológicamente, que la represión genera represión y que el diálogo es necesario para analizar cuál es la verdad, sin justificar el traspase de determinados límites que la razón humana no debería de permitir.

despedidas en metros fríos

Despedidas en metros fríos/ Izmir J.M

Pero a veces la razón no funciona. NO sé por qué. He vuelto a sentir que los ojos verdes y los besos resisten a trámites burocráticos de visados absurdos. Allá donde viajes encontrarás personas, cada una de ellas, con una historia determinada, sentimientos y valores, un pasado, presente y futuro.Da igual que país se trate o qué nacionalidad. Eso lo inventan los de arriba.

Después llega la tristeza de la separación en metros fríos. Los sollozos son internacionales, y mujeres turcas, tradicionales y con velo, se acercan y te hablan. No entiendes, pero comprendes que no les ha parecido una falta de respeto besar al chico de los ojos verdes en el metro. Y te hablan, intentando que te calmes.

En este viaje mi maleta no intentó independizarse. En febrero me ocurrió. Se perdió durante tres horas en Istanbul. En ella estaba mi cámara de fotos, mi grabadora y mi cuaderno para anotar las declaraciones de los entrevistados. Ha comprendido que debo acabar la novela.

 

 

 

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4 respuestas a “Tradición y progreso en Turquía”

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