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En la víspera de San Juan, el pasado sábado, me encontraba en las txoznas de Mondragón (Gipuzkoa) tomando algo con mis amigas. Nada más salir a la calle, en el centro del pueblo, me di cuenta de cómo afloraron pancartas y carteles a favor de la independencia, en contra de la “conquista” de Navarra

Capturar pintadas para mostrar la expresión de la ciudadanía respecto del conflicto vasco.

Sobre la “conquista” de Navarra/ Mondragón. J.M

Me apasionan las paredes. En ocasiones, son más sinceras que las personas, sobre todo, cuando existe un silencio generalizado. Por eso, tengo gran fijación en cómo evolucionan. Generalmente, según he podido observar, cambian en paralelo a los pasos que se van dando en el nuevo escenario político que se ha dibujado en Euskadi desde que hace ocho meses ETA anunciase el cese definitivo.
En las txoznas, especie de barras metálicas con consignas sobre una reivindicación concreta donde se sirven bebidas y bocatas, me fijé en algunas pancartas que decían lo de siempre: “independentzia eta sozialismoa” ” jo ta ke”… pero no tenía la cámara y no podía fotografiar. Una de mis amigas me ofreció la suya, menudita y discreta, de las que me gustan a mí (ir con esos cacharros es un horror, pesan mucho y llama demasiado la atención).
Así que me separé de ellas y empecé a fotografiar. En cierto momento un chico se acercó, no era de Mondragón (aquí nos conocemos todos) para preguntarme en qué sentido estaba fotografiando. Le respondí que qué le importaba a él y él volvió a insistir en qué sentido estaba fotografiando; si en el bueno o en el malo. Le miré fijamente a los ojos, empecé a reirme y le dije que se apartara porque iba a hacer la foto. Me tapó el objetivo con sus manos, hasta que se despistó por un momento y pude sacar la foto centrada, en el ángulo en el que yo quería posicionarme. Se enfadó muchísimo, lo cierto es que parecía que había bebido, me miró y señalándome con el dedo me dijo: “Si veo esta fotografía publicada en El Diario Vasco tú y yo nos veremos las caras”.
Me quedé callada. Pensé qué responderle: el nuevo escenario político, la invisibilidad, una sociedad que charla y charla sobre libertad mientras coacciona sutilmente… pero sentí miedo, también orgullo y dignidad, por eso me permití ser vulgar, le miré fijamente, pensé que era un gilipollas, alcé el dedo corazón (el central se llama así ¿no?) y flexioné los demás hacia la palma de la mano.
Debe ser que tengo cara de El Diario Vasco. En ningún momento le dije que era periodista. Después, pensé en muchas cosas: qué significa el buen y el mal sentido, en especial, pensé que si se cuelga una pancarta es para que se vea, si se fotografía es para exponerla, por lo que la secuencia lógica es: espacio público, pancarta pública y fotografía pública. 
Finalmente, he optado por ignorar a este tipo de borrachos que carecen de educación y posibilidad de pensar libremente porque constituye el tipo de oveja que yo describo en mi novela. No me gusta que me amenacen, no me gusta que se le llame la atención a un periodista por hacer su trabajo; expongo la realidad. También es cierto que fotografiando me expongo, que parte de la realidad es esa, y puedo aceptar críticas dentro de los límites de la libertad de expresión. Mis amigas: “tu primer artículo enel periódico creó mucha polémica en el pueblo”, “¿no tienes miedo?”, “ten cuidado”, “tienes que acostumbrarte, aquí es así”.
Me fastidia tener que acostumbrarme y tener que sentirme obligada a escribir este post. Creo en el cambio, en el nuevo escenario y todas estas cosas, pero estas actitudes no llevan a nada, menos a paralizarme, sino que me impulsan en sentido contrario. Tal vez, debiera salir con la cámara en hora punta, un jueves a la tarde, cuando todos acuden a beber zuritos y comer pintxos por el precio módico de un euro, entonces todos me verían y podría comprobar en qué grado del nuevo escenario político estamos.
No publico este artículo para hacerme la interesante. No soy interesante. Lo hago para denunciar este tipo de actitudes, que aclaro, no son generalizadas, pero existen y espero se erradiquen.
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