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Estábamos una amiga y yo en un coche. De repente sonó una canción del grupo Vendetta (automáticamente pienso en la película V de Vendetta). El cantante tiene bonita voz, es, además, guapetón. La canción sonaba bajito, el ruido de la carretera traspasaba las ventanillas del coche y me impedía descifrar qué decía exactamente en euskera, así que le pregunté a mi amiga; no sé exactamente qué me contestó, era algo así como que introducía alguna referencia a los presos o la independencia de Euskadi. Nos miramos diciéndonos que no nos extrañaba.

No quiero decir que todos los grupos musicales que desarrollan su carrera en euskera, lo hagan siempre sobre presos  o independencia, ahí tenemos a Ken Zazpi o Sen, hasta donde yo los escuchaba no hablaban sobre eso (si me equivoco, por favor, corríjame), eran más bien Álex Ubago en versión euskera, con todo el respeto que se merecen.

Pero sí que es cierto que existe cierta línea cultural, hablando en términos generales, de mostrar una única verdad sobre el conflicto vasco, en referencia a los presos de ETA o sus familiares, la represión, la vulneración de los derechos humanos, amor y adoración hacia la patria, que es cierto ha existido, pero no abarca todo el conflicto, no abarca el sufrimiento de muchos otrxs, como son las víctimas o también los ciuadanxs, que se han visto privados del derecho a expresarse, miedo, dolor, silencio impuesto. El proceso de paz ha aliviado esta situación y la modificación de la Ley de Seguridad Ciudadana, para muchos #LeydelaMordaza, pretende multar las fotografías de presos… me parece inadecuada, lo que me ha sorprendido es que no llegue a la música (ironía). Habría que preguntarse qué ha ocurrido para que solo se muestren esas fotografías, en vez de atender a una infracción administrativa.

En cuanto a la música que se escucha por parte de algunos grupos, en los que se alude exclusivamente al sufrimiento en el entorno de ETA, familiares de presos o sin que tenga una relación exclusiva reivindicación de independencia, en el contexto de conflicto armado, la psicoanalista Adriana Rodríguez-Borlado afirma que “la música crea desconfianza, no hay palabras, lo que nos produce no puede ser nombrado, simplemente se siente, pero en ese sentir, se encuentran las dos cara de la pasión, la expresión por parte de la humanidad del amor, pero a la vez, como dice Slavoj Zizek `con la música nunca podemos estar seguros en la medida que externaliza nuestra pasiones interiores, la música es siempre una amenaza potencial. No podemos escapar de la música, si se nos presenta no podemos no oír”. Al mismo tiempo, la psicoanalista matiza que “curiosamente oír deriva de la plabra latina audiere, de la que se derive oboedire, que significa obedecer”.

La conversación continuó diciéndome que le había sorprendido mucho la última canción de Betagarri “Mila izar” (Miles de estrellas) porque hablaba de todas las víctimas del conflicto vasco, que ahora es lo que el sector de la izquierda abertzale exige, y crea con ello cierto resquemor en otros sectores como el de la parte de la sociedad víctima directa de la violencia de ETA.

Recordé una vez en un bar de Arrasate-Mondragón, una localidad muy azotada por la violencia de ETA y las bases que la han legitimado (matizo que eso no quiere decir que toda la población lo respete o lo legitime, lo que pasa es que no toda la población ha contado en términos de expresión), cuya letra parcial no olvidaré, suele cantarse al unísono, de hecho el otro día la escuché en el cierre de otro bar, cuando paseaba por la calle: “estoy asustado, mi vida va en ello, pero alguien tiene que tirar del gatillo”… yo pensé al principio, qué raro que tenga miedo y coja una pistola. ¿Por qué iba a utilizar un arma? Mejor sal corriendo. Lo pregunté, y me respondieron que la canción trataba sobre ETA, de hecho a lo largo de la melodía se tarareaba ETA,ETA,ETA, sucesivamente.

En este sentido, la psicoanalista Adriana Rodríguez-Borlado remarca que la música obedece al corazón, el primer contacto del ser humano con el mundo es el mundo sonoro, acompaña nuestro ser desde el principio. Por tanto, la música remite a la indubadora sonora del vínculo madre-hijo anterior al lenguaje, donde no podíamos hacer otra cosa más que obedecer, atados por el oído a ese vínculo, nos habla de ese otro que fuimos nosotros mismos, ese otro que se encuentra invisible pero está en el cuerpo, es ese otro fusionado sin límites, donde no había sujeto, de ahí su falta de ética , su no seguir reglas“. Al mismo tiempo, Rodríguez-Borlado afirma que “la música habla del cuerpo y toca a todos, como arte en torno a la nada, se resiste al pensamiento y puede corromper, no existe un más allá del cuerpo, invade el cuerpo en forma de memoria, sin imágenes donde no hay palabras, alcanza la excitación de la persona, pero sin referente en la realidad, de ahí que en cierto momento la música borre al sujeto y se deje llevar a hacer cualquier cosa.

música y rabia

A veces parece que las canciones transmiten rabia. /Estambul.J.M

Entonces, continué hablando con mi amiga, sobre algunas canciones que nos inculcaban de pequeñas, las cantabamos con alegría, eran canciones populares, sin comprender, por supuesto, el alcance real de sus palabras. Recuerdo cantar con pasión “Itziarren semea: hori du mutila, inork salatu baino nahiago du hila…”, que trata sobre del hijo de una mujer que se llama Itziar, torturado por la policía (guardias civiles, imagino) para sacarle información, imagino también sobre amigos etarras.

También había otra canción que trataba sobre una flor que había nacido entre las zarzas o espinas, no lo recuerdo, un niño se acercaba y la flor le pedía que la soltara porque había nacido para ser libre.

Supongo que existen muchas canciones que han marcado nuestras vidas: Bombon chip, Spice Girls, aquella de “Susanita tiene un ratón…”, Backstreet Boys… cada unx según su estilo. Pero de una manera o de otra, una se cria en un entorno de mensajes subliminales. Eso siempre ocurre, hay muchísimas canciones muy machistas que expresan violencia contra la mujer, por poner un ejemplo.

Crecer, escuchar y cantar canciones de épocas muy agitadas, fuerte represión exterior e interior, malvados fuera y dentro. En ese contexto, pequeñuelos tarareando canciones que no venían al caso, pienso yo, con el riesgo de no aproximarnos entre nosotrxs, que es exactamente lo que ha pasado, al menos en Mondragón, que sufre una separación a causa del conflicto vasco que produce escalofríos, al menos, a mí, aunque tengo que matizar que en mi promoción, ciertamente algo adultos,  la separación social comienza a difuminarse, basta con ver los grupos que se conforman en las quintadas para deducir de qué hablo. Al final al ser adulta, con cierto ímpetu en el corazón, una cuestiona las relaciones con las personas del pueblo, influenciadas por el conflicto vasco, una serie de factores políticos, económicos y sociales que no tiene absolutamente nada que ver con el nacimiento de una persona en una localidad. Me llama la atención el tarereo de muchas canciones que expresan una única verdad, en tiempos de paz, aunque bloqueada, en la que deberían de ser revisadas todas las versiones, también por parte de la música, la literatura, el cine…

¿Es extrapolable a otras localidades de Euskadi?

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