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los placeres del viaje

Los placeres del viaje: Tomé esta fotografía hace tres años en el cementerio de trenes cerca del salar de Uyuni en Bolivia. Simboliza la continuidad del viaje, la basura en sus extremos, y caminar/cojear/circular hacia adelante, aunque en el horizonte del viaje surja lo desconocido, con la confianza de que continuaremos a pesar de lo que ocurra/ J.M

Una se prepara mentalmente para un viaje, con independencia de tener fecha de vuelta, y los sucesos, escenarios, rutinas y personas diarias se perciben de una forma diferente, a sabiendas de que el día concreto, el del vuelo, en el aeropuerto correspondiente, la vida cotidiana de la zona confort, conformada en x plazo de tiempo, quedará atrás. Es la alegría por la inquietud de qué deparará (no controlamos ni el 80 por ciento de lo que ocurrirá), cierta añoranza o melancolía por saber que las cosas que producían queja se echarán en falta, aunque sea levemente. Es inevitable observar a familiares, estancias de la vivienda habitual, objetos que producen apego pero no se pueden llevar (soy contraria a trasladar una habitación de un país a otro, a excepción de mis libros que son mi mayor tesoro), paseos entre prados que exhalan el oxígeno necesario para recomponerse, y pensar en…

café español y leyenda del café turco

Echaré de menos tomar un café fuerte con mis amigas y familiares. Allí el café es más ligero, a excepción del café turco que es muy fuerte, cuyos posos en el fondo del vaso suelen ser leídos para adivinar el futuro/ Kadiköy. Istanbul. J.M

Voy a echar de menos

Ir al cine: aunque la tarifa haya subido considerablemente, en invierno es una buena idea sustituir salas de pantallas enormes por resacas devastadoras.

Tabaco Lucky Strike (sé que los fumadores no estamos de moda): No sé si se debe a que Turquía no forma parte (aún, no se sabe qué ocurrirá), de la Unión Europea y las normas de elaboración del tabaco son por eso diferentes, pero la supuesta misma cajetilla no sabe de la misma manera. En Alemania no me ocurrió, sin embargo, el tabaco era más caro, ahora mismo no sé cómo estará de precio. En Bolivia, el Camel producía un mareo interno que me dejaba atontada (pudo ser también debido al calor).

– Hablar idioma natal (en mi caso castellano, también euskera): Comunicarse en inglés y alemán es muy divertido, pero a veces hay ganas de hacerlo en el idioma natal, compartir el mismo humor, hablar sobre las costumbres del país, la cultura… para desahogarse un rato. Estoy muy ilusionada por empezar con el idioma turco.

– Tomar cervezas (baratas) con los míos: Como en España no se vive en ningún sitio – no entro aquí en la diferenciación entre Euskadi y España porque me he tomado unas vacaciones respecto del nacionalismo- la alegría de sus calles, tomar cervecitas, la fiesta, la cultura de cenar tapas, o pintxos, bocadillos… aunque el país pueda ser criticado por algunos políticos, corrupción… ese tipo de cosas de las que sus ciudadanos están hartos, lo cierto es que es un país de gente muy alegre o al menos lo era. Me comentaban a este respecto que antes había una falta de concienciación, ¡ahora hay falta de cachondeo!

– Comer embutido: El cerdo es un animal muy mal considerado en Turquía, tiene fama de cochino -falta de razón no tienen la verdad- a pesar de que no sea un país musulmán, aunque claramente sí tiene ese impacto, no he encontrado cerdo en supermercados ni tiendas.

– La naturaleza de Euskadi: montañas,  ovejas – puede incluso que en su doble sentido– al aire fresco, pantanos, ríos. El mar no, Estambul cuenta con un Bósforo precioso.

Leer libros en español en formato papel: Me he comprado un ebook, pero la magia de pasearme por librerías y bibliotecas, apuntar en mi libreta las últimas novedades que me llaman la atención, rastrear entre los clásicos… lo voy a echar mucho de menos. ¿Habrá en Estambul alguna librería que cuente con libros en español? Lo investigaré.

– La siesta: Acabo de leer un comentario de un conocido que se ha enfadado al leer una noticia sobre el estigma que tenemos en el extranjero respecto de la siesta -y de vagos-. A mí me gusta hacerlo, más que nada, porque soy autónoma y gestiono mi propio tiempo. En Turquía la vida no gira en torno a la comida. ¿Ocurre solo en España? Ni siquiera comen mucho al mediodía. Pero tienen unos desayunos estupendos que me encantan.

si hablan de crisis me cambio de país

Como empiecen con la crisis, el desánimo, todos/as hablando de desempleo… me voy/ Vitoria-Gasteiz. J.M

NO voy a echar de menos

La rutina: No soporto hacer lo mismo a diario. Necesito además un cambio de aires, salir de la zona de confort, respirar, sentir, caos, quiero puro caos, gente en la calle, vida, hablar, tomar té, cuatro tés seguidos si hace falta, cansarme, físicamente.

– La tranquilidad de las calles: Tuve una visita desde Turquía que decía que le llamaba mucho la atención que aquí las calles fueran más limpitas, más anchas, pero más tranquilas y ordenaditas.

Nacionalismo: Lo he tachado porque el nacionalismo turco da para mucho, véase cómo están los kurdos, alevíes…

– La crisis: ¿Cómo era vivir en España sin crisis? ¡No lo recuerdo! ¡Se me ha olvidado! Aunque la última vez que quedé con una periodista en Estambul hablamos sobre el inicio de la crisis en Turquía (he decidido que si allí empiezan como en España me cambio de país). Al parecer tienen el mismo modelo de crecimiento económico, basado en la costrucción, por consiguiente en la explosión de la burbuja inmobiliaria. Ya lo pensé cuando viví una temporada en Marmaris, nunca he visitado Benidorm (ni falta que me hace) pero me lo imagino que aquella manera: edificios monstruosos a la orilla de un mar calmado, muy agitado por la invasión turística (pobres autóctonos). De momento allí no se percibe con gravedad, con lo cual me permitirá distanciarme del efecto desánimo crisis horroso de España.

¿Qué echas en falta cuando vives en el extranjero? ¡Anímate y comenta!

 

 

 

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