La Tierra (nos) pregunta

29 abril de 2013 por Josune Murgoitio
relación tierra y hombre Euskadi

Relación tierra y hombre que muestra la pintada. “La tierra no es del hombre, el hombre es de la tierra”. /Mondragón. J.M

Sucede que Euskadi es un lugar precioso, de tierra preciosa, me refiero. Un trozo de tierra privilegiado, quiero decir, cuyos habitantes no saben exactamente dónde se sitúa; para algunos tierra vasca, para otros tierra española, para otros cuantos ni una ni la otra y, me imagino, que para otros muchos, ambas a la vez. Yo soy de las que no saben dónde se sitúa exactamente.

Como trozo de tierra adjudicado por persistencia, conquistas y revanchas, Euskadi aglutina mar, montaña, bosques, senderos asfaltados y urbes bonitas, también pueblos pequeñitos situados en puertos montaños peligrosos pero excitantes. Euskadi es la tierra de la gastronomía y la cultura popular, el de un idioma precioso y habitantes difíciles de ligar, aunque en los últimos tiempos lo de ligar haya mejorado.

El mar también se pinta

El mar pintado sobre la pared/ Bergara. J.M

 

Me gusta especialmente Euskadi cuando en un buen día, me refiero a un día soleado o, por lo menos, iluminado, a diferencia del de hoy que ciertamente apena, una mira más allá, alcanzando con los ojos el horizonte finito que conforman las montañas que rodean la localidad guipuzcoana de Mondragón. Una localidad para mí fea y sin estímulos, aunque interesante, por hechos acaecidos y relaciones sociales que en este microespacio de tierra, vasca o española o ambas, se han tejido o se tejen.

Me gusta el momento en el que el horizonte finito de las montañas, oscurecidas por el escaso impacto de la luz, contrasta con la claridad del cielo, produciendo una imagen bella. La tierra se oscurece y los cielos, abiertos aun, continúan clarificando el ambiente.

¿Qué piensa la tierra de nosotros?

En Euskadi el respeto a la tierra y al medio ambiente siempre ha tenido mucha importancia; se cuidan los productos de aquí, se tiene conciencia de la importancia de la naturaleza, se disfruta de ella, se respeta la vida popular y agrícola, la gran mayoría practica mucho deporte, o eso pienso yo al menos. Incluso se tiene tanto respeto por la tierra, que se disputan las basuras (=ironía).

Al mismo tiempo, la tierra de Euskadi presenta su lado oscuro: opresión, represión, vulneración de derechos humanos, dominación ideológica, división social, conflicto lingüístico, lucha, quiebra de identidades… Ante la imagen bella del horizonte finito de montañas oscurecidas y cielos clarificados, surge en mí ese lado oscuro, en el que focalizo con frecuencia, preguntándome qué piensa la tierra vasca, española o ambas, de nosotros, de nuestro paso por ella y de nuestra labor en ella, en especial, de cómo la sociedad vasca o no vasca convive. También del actual escenario político de Euskadi, cuya quietud debe aterrarle, se percibe en el ambiente, o por lo menos, así lo interpreto yo, que me fijo mucho en las paredes y continúan igual que hace dos meses, leo noticias que trasladan mensajes por aquí y por allá, y escucho las conversaciones de los habitantes, que apenas le prestan atención, por lo menos conscientemente.

El Gobierno central no mueve ficha y parece mantenerse en la política del desgaste, con la excusa de la crisis, ignorando la seriedad de un problema que ha azotado Euskadi y, parte de España, durante demasiados años, más allá de que ETA lanzara un último comunicado para iniciar diálogo con el gobierno central español y francés, del que desistieron, y volviera a llamar la atención con la publicación del ‘Informe Final’ de su debate interno sobre la “hoja de ruta” de aquella Conferencia Internacional de Aiete que trajo esperanza.

La tierra de Euskadi parece haberse querido escabullir de la denominada crisis económica y la ha retrasado por el bien de sus habitantes. Pero finalmente ha llegado y el miedo, la desesperanza y la captación de atención exclusiva en ese ser maligno (=crisis) parece invadir las praderas y las orillas de los pueblos de Euskadi.

Épocas congeladas

Tierra inmóvil por la quietud de una solución que parece más congelada que la misma crisis, y asiste horrorizada a muertes desesperadas por ventanas obreras. Jamás la tierra de Euskadi había asistido a un hecho tan alarmante, a lo que el trabajo atañe, pues hechos alarmantes han sucedido demasiados, bajo esa insensibilidad humana que, a veces, no sé si de tierra u hombre proviene.

A pesar del inmovilismo actual en el denominado proceso de paz que ahora vive Euskadi y que, ciertamente, ha dado un respiro a los ríos sangrientos que la tierra soportó durante años dolorosos, creo que la tierra estaría contenta de ver a las hijas de Arnaldo Otegi y Jesús Eguiguren recogiendo el Premio de Gernika con motivo del 76 aniversario del bombardeo que sufrió aquella localidad durante la guerra civil. Lo que no le gustaría es que se categorizaran a víctimas buenas o malas, se olvidaran de los que también son víctimas, porque han sido perseguidas, excluidas o humilladas, aunque no hayan perdido familiares por la frialdad de (in)consciencias ajenas. No le gustaría que el odio continuase, ni hubiese más rencor.

La tierra debe continuar esperanzada por la paz, ha esperado demasiado tiempo para que no se produzca.

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2 respuestas a “La Tierra (nos) pregunta”

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