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Escribo desde Café del Mar, en Içmeler, un barrio situado a seis kilómetros de Marmaris (sudoeste de Turquía) . La cafetería consiste en una construcción de madera adornada con árboles naturales, luces tenues y música relajante, frente al mar, a tan solo 10 metros, calculo, y la brisa pegándome en el costado. Apenas puedo escribir con la rapidez con la que acostumbro, al segundo día de estar aquí, me corté el dedo con un cuchillo que elegí expresamente en el supermercado Tansas y tuve que ir al hospital, con lo que de positivo, conocí por dentro un hospital privado: he sido la primera paciente española, (yo continúo con mi dilema de si española o vasca), pero ellos no saben ni siquiera qué es el País Vasco. También tuve la oportunidad de conocer un hospital público, repleto de retratos de Atatürk, aquel que conformó la República actual de Turquía, aunque lo de actual ha quedado un poco desvirtuado, pienso, dado el estallido social de apenas un mes, y que en unas protestas no cubiertas por los medios, se han dispersado con la amenaza de Al Quaeda, no informaron sobre los 40 detenidos en la plaza Taksim.

Wellcome to Marmaris. Una de las pocas pintadas que he encontrado. /Içmeler. J.M

Wellcome to Marmaris. Una de las pocas pintadas que he encontrado. /Içmeler. J.M

Marmaris es una ciudad amplia  y superficial, muy bonita, situada a la orilla del mar Egeo, pero arquitectónica fallida, no se ha conservado su esencia, sino que la devoración turística ha arrasado con lo que algún día debió de ser: un pueblo de pescadores precioso, ahora bonito también, pero con un centro histórico muy abandonado e ignorado por los turistas, no pasean a través de sus callejuelas que me recuerdan a Grecia, Andalucía y me imagino que Menorca también. Ayer me pasé por allí y no había nadie, los turistas se agolpaban en el puerto, lleno de luces y el famoso Bar Street, que es la calle donde se sale, y cuyas discotecas compiten por atraer a los rusos, ingleses y alemanes que veranean aquí. Es muy común observar carteles rusos, incluso, los ciudadanos turcos parlotean este idioma, cuando se me pregunta de dónde vengo y respondo que Spain, se quedan  muy sorprendidos.

Keep calm ha sido uno de los lemas que se han utilizado para evitar disturbios en el trasncurso de las protestas. Aquí lo utilizan para atraer clientes a tomar un chupito/ Marmaris. J.M

Keep calm ha sido uno de los lemas que se han utilizado para evitar disturbios en el trasncurso de las protestas. Aquí lo utilizan para atraer clientes a tomar un chupito/ Marmaris. J.M

Durante el día hace un calor insoportable; unos 44 grados. Me sorprende a mí la capacidad humana para abrasarse al sol, de ahí deriva los croissant que pueden observarse en las playas, para todos los gustos: más hechos, menos hechos. Me refiero al típico musculitos que se abrasa en la hamaca y que a mí más que encenderme me produce escalofríos por el horror que se produce en la piel a expensas de un sol que no da tregua ni un solo día, hace meses que no llueve aquí, pero el agua no escasea. La toalla y la sombrilla no se lleva. Una acude a la playa, pública o privada, generalmente sucede lo segundo, por la cantidad de hoteles construidos prácticamente a la orilla del mar, que creo yo, vulnera la sensatez humana, más allá de una posible Ley de Costas, que no sé si la habrá o no, pero en caso de que la haya es también fallida, y ocupa una hamaca que pertenece al hotel o a la cafetería con la correspondiente sombrilla.

Siguiendo la línea del carril de bicis se llega a Marmaris/ Içmeler. J.M

Siguiendo la línea del carril de bicis se llega a Marmaris/ Içmeler. J.M

El mar es profundamente claro, precioso, me da la sensación que tiene más sal que el cantábrico, se observa el fondo, y apenas hay olas. Lo rodean unas montañas altas, de poco verdor, pero muy bonitas también, una de ellas se llama Paradise, según me informaron. El alivio del día comienza a las 19:00 de la tarde: el sol se tranquiliza, se levanta un poco de brisa y las hamacas empiezan a recogerse. Los turistas cenan entonces, yo lo hago más tarde, a mi ritmo, después acuden a tomar algo o a ver un concierto en directo.

Me llama la atención la importancia de la música en directo en Turquía. Es muy común ver conciertos en los bares. Tengo la oportunidad de conocer el funcionamiento de un hotel cinco estrellas, conozco a los músicos que tocan a diario y a veces voy a verlos. Es divertido sentarse en una silla, beber una Efes (cerveza típica) y ver cómo las rusas bailan, con mi mayor respeto hacia los ritmos personales.

Me llama la atención haberme sorprendido de ver a una única chica con velo, una se acostumbra a ver a los turistas caminando por los paseos paralelos al mar en biquini o con ropas muy ligeras, y los cánticos del Imán apenas llegan, los tapan la música de los locales. Pienso entonces si los turistas conocen los problemas sociales del país. En el Bar Street se venden chupitos de absenta, tequila… todo de forma muy exagerada y los turistas se ponen hasta el culo, permitiéndome ser vulgar. Pienso en las personas que conozco aquí, el estado de aburrimiento general en el que viven, sin expectativas de futuro, arrasados psicológicamente porque creen que no han vencido en ese estallido social que ha tenido lugar en el país, pertenecen al polo opuesto al primer ministro Recep Tayyip Erdogán.

Sin embargo, en Içmeler más que en Marmaris, se respira encanto y serenidad, un lugar para reposar, el mar regenta la vida aquí y la brisa que lo acompaña, en especial a las noches, las estrellas brillan, la luna lo hace con mucho esplendor, me resulta a mí más luminosa que en otros lugares.

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