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El EGA (Euskarazko Gaitasun Agiria), examen oficial que certifica la capacidad en el idioma vasco, tuvo lugar hace dos semanas en Euskadi. Un examen temido y criticado por parte de la población vascoparlante. Mis amigos de fuera de Euskadi me preguntan extrañados por qué tenemos que hacer un examen para acreditar el euskera si hemos estudiado en ese idioma. Respondo que no lo sé.

La cuestión es que me parecen muy interesantes los comentarios que se escuchan en torno al EGA. Más aun si se acude a un euskaltegi, institución donde se trabaja/estudia/desarrolla el euskera, entre otros motivos, con vistas a aprobar el examen e incluir el certificado en el C.V, necesario en algunos oficios para trabajar en la administración pública, aunque también existe otro examen, HABE creo que se llama, con la misma consideración de título oficial y para las mismas funciones, pero no tan afamado.

Conozco a una mujer que está obsesionada con aprobar el EGA, hace cinco años que lo intenta. Nunca pasa de la prueba escrita y cree que puede tener dislexia porque le cuesta comprender los textos en euskera y no acierta a escribir el contenido del tema que le exige el examen. Esa mujer sabe mucho de reglas gramaticales y ortográficas, pero se queja de que en Mondragón (Gipuzkoa) es imposible avanzar a partir de cierto nivel porque no existen profesores competentes que sepan explicar las cosas. En el fondo, escuchándola, percibo cierta frustración por no hablar euskera desde pequeña, se denomina a sí misma “euskaldun berri” (vasca nueva, en castellano) y entiendo yo, la frustración proviene también, de haberse integrado más tarde en un concepto social de sentirse vasca.

El examen consta de tres partes; atariko froga,  85 preguntas sobre léxico, gramática, ortografía y dichos en euskera. Es necesario aprobar 60 preguntas para pasar a la siguiente convocatoria; prueba escrita, dos redacciones, una breve y otra larga, y la reescritura de frases (berridazketak, en euskera) y sinónimos; expresión oral, en euskera batua, que es el común e institucional para los “vascos” o en el dialecto del euskera que se quiera. Una cuestión difícil también porque pocas personas hablan bien el dialecto de su pueblo o zona. (El euskera tiene muchos dialectos y, en algunas ocasiones, la comprensión mutua es bastante difícil).

Euskal Herrian euskeraz, aldarrikatzen du pintada honek.

“Euskal Herrian euskeraz” significaría en el País Vasco en vasco /Mondragón. J.M

“Euskaldun berri” y “euskaldun zahar”

Para muchos, aprobarlo equivale a un “respiro psicológico” de tener un reconocimiento oficial: sabes euskera. Suspenderlo, en cambio, puede ser motivo de tristeza; suspender cualquier examen nunca es agradable. Pero va más allá. En ambos casos, los comentarios son interesantes. Se escucha que en el EGA van a “pillar”, por las preguntas que suelen caer y también, de forma muy insistente, que el examen no evalúa realmente a quienes sepan euskera, refiriéndose, creo yo, a los que su idioma materno es el euskera en contraposición a quienes lo han aprendido más tarde y por razones varias.

Implícitamente, ambos conceptos muy inculcados en gran parte de la población de Mondragón (Gipuzkoa), y que corresponde, según mi opinión, a una segmentación social que, personalmente, me produce escalofríos:  “euskaldun berri” (vasco nuevo, en castellano)  y “euskaldun zahar” (vasco viejo, en castellano). Se escucha muy a la ligera, tanto por los que dicen ser lo primero como por los que dicen ser lo segundo.

“Euskaldun berri” hace referencia, según escucho en la calle, a las personas que no hablan euskera desde pequeñas, es decir, cuando el euskera no es su idioma materno. Aunque en mi opinión, siendo una reflexión personal, conecta directamente con la identidad vasca, pues existe un esquema mental muy generalizado de que es euskaldun la persona que habla euskera, sin tener en cuenta los factores que contradicen dicho esquema. “Euskaldun zahar” (vasco viejo, en castellano), es la persona que habla o nace prácticamente sabiendo euskera.

La cuestión que me planteo yo, al hilo de los comentarios sobre el EGA, es, que teniendo en cuenta todos los factores que han intentado aniquilar el euskera, cómo puede plantearse una relación exclusiva entre idioma e identidad vasca. ¿En qué consiste ser vasco?Para muchos, hablar vasco. Para otros, haber nacido en Euskadi y compartir la cultura popular, aparte de hablar o no vasco. El euskera es un idioma precioso, debe sonar a chino y muy complicado para quienes no lo aprendieron en la infancia, fuertemente pisoteado durante la dictadura y muy politizado tanto por los de fuera como por los de dentro, entiendo yo. He llegado a oir que el euskaldun debe ser “un militante del euskera” como si hablarámos de un partido político o asociación cívica.

Mantuve una conversación muy interesante con algunas personas. Discutimos sobre qué era ser vasco. Lancé una pregunta: qué ocurre con las  personas que nacieron en Euskadi durante la época franquista pero ahora no hablan euskera porque en aquellos años estaba prohibido enseñarlo, aprenderlo y comunicarse en vasco. Me dijeron que no podía ser euskaldun, a pesar de haber vivido durante toda su vida aquí y haber favorecido, con esfuerzo y sacrificio como ellos, al desarrollo económico y social de esta tierra, tampoco sé si comunidad autónoma, tierra de nadie y de todos, o un país con un serio problema. Se les reprocha no haberse esforzado en aprenderlo o no dedicarle tiempo, y yo creo, que a cierta edad, (personas que tienen una media de 50 años), con las obligaciones familiares, de casa y de trabajo, teniendo en cuenta que es un idioma muy complicado, no habría por qué reprocharles nada. Es más ese concepto de “euskaldun berri” o “vasco nuevo” es una especie de reproche: aprendiste más tarde euskera, no eres tan euskaldun como yo.

Aducen entonces que si vas a Alemania y no hablas alemán, no puedes comunicarte. Estoy de acuerdo. El euskera debe hablarse, pero no debería imponerse esa carga que conlleva, sino que debería optarse por él de forma libre. Más aun si se identifica políticamente con ramas ideológicas o ideas que no se comparten. Me llama la atención que en Mondragón, donde la tendencia a denunciar las represiones franquistas contra el derecho a decidir, la identidad y el euskera, sean continúas, no se repare en esos “euskaldun berris” que no lo hablan porque no pudieron aprenderlo. Tal vez, tengan vergüenza de no hablarlo bien. Pasa muy a menudo. Quizás, tengan miedo de aprenderlo y ser considerados en un segundo plano como vascos nuevos. Tal vez, se encuentren mejor en ese limbo de no pertenecer a ningún sitio, acarreando la frustración personal corrrespondiente.

Servilletas y reivindicaciones de presos a Euskadi

Se mezcla la función de una servilleta con la reivindicación de los presos “políticos”. /J.M

Todo se entremezcla

Es muy común en Euskadi, aunque apenas se reconozca o se repare en sus efectos negativos. Debería de existir un debate sobre la mezcla entre política e idioma, reivindicaciones e idioma, opresión e idioma. Una división que debería producirse tanto desde el gobierno central como desde dentro de Euskadi. Al final y al cabo, lo más importante es la existencia y desarrollo del idioma.

Se organiza ahora el Foro Social de la Paz, para impulsar el proceso de paz que se vive en Euskadi desde que ETA anunció, el pasado 20 de octubre de 2011, el cese definitivo de su actividad armada. Leo los periódicos o indago en Internet, y me alegra comprobar el lento camino que se hace para la reconciliación y la convivencia. En la calle se percibe un ánimo más generalizado, ciertamente golpeado y devorado por la crisis, que todo lo aniquila, pero templado respecto del terrorismo y la coacción (el último Euskobarómetro así lo indica también). Se reivindica que se depuren todas las vulneraciones de los derechos humanos, aunque yo siga sin observar ninguna  pintada en las paredes de Mondragón que hagan referencia a las víctimas que perdieron a sus familiares a manos del terrorismo, en contradicción con las víctimas del franquismo que sí están en un muro metálico. Si se reivindica que se depuren todas las vulneraciones de derechos humanos, debería de incluirse todas ellas.

Este tipo de cuestiones sobre la identidad vasca, la politización del idioma… sigue sin aparecer y, en mi opinión, más allá de que los factores citados sean importantes en la resolución del conflicto, deberían de abordarse por su plena implicación en él. Aunque parece que susciten poco interés. Seguiremos leyendo y hablando sobre ETA, las víctimas… muy importantes. Y la base, quedará plenamente escondida.

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