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“No podemos conducir por ti”, decía un anuncio que lanzó hace algunos años la Dirección General de Tráfico (DGT). Me vino a la cabeza “lo que faltaba, que el Estado condujera por nosotrxs”. En mi opinión, aquel mensaje representaba el extremo al que se estaba llegando: el límite del Estado del bienestar con un Estado paternalista, como si el Estado fuera a solucionarnos todos nuestros problemas. Un buen ejemplo del concepto de seguridad ligado al de la protección ciudadanx. Al mismo tiempo, en el cercanías de Madrid los empleados de seguridad portaban un chaleco con ese nombre, el de “seguridad” me refiero. Me venía a la cabeza dónde se encuentraban los empleados que velaban por la libertad de los usuarios.

En el Día de los Derechos Humanos, el pasado 10 de diciembre, he pensado en la relación entre ambos conceptos: seguridad y libertad. Más aún con la actual situación en España, tras las críticas que la modificación de la Ley de Seguridad Ciudadana ha propiciada – denominada por muchos como la Ley de la Mordaza-, que parece ha visibilizado la sustitución progresiva que hace tiempo viene produciéndose de seguridad por libertad, si se tiene en cuenta también que España ha ingresado en la “lista negra” de países con libertades restringidas.

libertad

Esta pintada se utiliza en Euskadi para reinvidicar el final de los juicios políticos, según algunos sectores /Donostia. J.M

Según John Stuart Mill, en su obra “Sobre la libertad”, “el campo propio de la libertad humana pertenece (…) al ámbito interno de la conciencia (…) la libertad de pensar y sentir, libertad absoluta de opinión y pareceres (…) libertad para planificar nuestras vidas según nuestra forma de ser, la libertad de obrar como queramos, expuestos a las consecuencias que de ella puedan derivarse, sin impedimento por parte de nuestros semejantes en tanto no les perjudiquemos, aun cuando piensen que  nuestra onducta es una locura, una aberración o una equivocación”. Mill continúa con que “de la libertad de cada persona se sigue (…) la libertad de las asociaciones de individuos, libertad de reunión con cualquier finalidad que no perjudique a los demás”.Y concluye que no es libre ninguna sociedad en la que estas libertades no sean respetadas en su totalidad” ni “ninguna en las que estas no estén reconocidas absoluta e incondicionalmente”.

Lo del Estado paternalista ha quedado muy atrás, y la “seguridad” tambalea ya a expensas de la crisis económica: miedo a perder el trabajo, miedo a no tener un hogar seguro, miedo a perder el sueldo que aplaque las obligaciones que todos los elementos del sistema exigen (ropa, coches… consumo/consumo). El “Gobierno del miedo” criticaba el diputado socialista Eduardo Molina al Ministro del Interior Fernandez Díaz, encargado de la modificación de la Ley de Seguridad Ciudadana en España.

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El miedo como arma de control de la ciudadanía. Más allá de las críticas a las restricciones del derechos de manifestación o huelga (por ejemplo, en las proximidades del Congreso de los Diputados), lo cierto es que ya se había instaurado la idea de las manifestaciones o las huelgas “no sirven para nada”, sin saber en qué momento aquella idea se extendió.

La crisis crea una especie de censura disfrazada de leyes, actitudes y declaraciones. En los medios de comunicación, a pesar de asistir a nuevos nacimientos de webs por la cabezonería de muchos periodistas de no abandonar su oficio, la mayor censura se concentra en la falta de liquidación para mantener los medios. Formas de censura hay muchas, por supuesto, a mí me llama la atención la forma de presión social que apenas da margen a la libertad: la necesidad de  un buen trabajo (definido también por parámetros sociales), la necesidad de formar una familia (ser mujer significa necesariamente ser madre, sin entrar en la discusión de que el mundo no da a basto para tanta procreación), hipotecas… machacando y marginando a los ciudadanxs que no compartan esa visión de la vida.

crítica al sistema capitalista

El capitalismo es el asesino, dice la pintada. Un sistema muy criticado en los últimos tiempos por la brecha entre ricos y pobres que propicia, entre otros asuntos /Donostia. J.M

“Hasta cierto punto, se admite que nuestra inteligencia nos pertenece; pero no existe la misma disposición para aceptar que nuestros deseos o impulsos nos pertenezcan de igual manera; es más, el hecho de poseer impulsos propios, y de cierta intensidad, está considerado como un peligro, como una trampa”, admite Stuart Mill en su obra. “La única libertad que merece ese nombre es la de buscar nuestro propio bien, por nuestro propio cambino, en tanto no tratemos de privar a los demás del suyo (…) la humanidad sale más beneficiada si se consiente que cada cual viva a su manera que si se ve obligado a vivir como les parece bien a los demás”, añade.

Podría haber hablado en este día tan importante sobre la situación de los Derechos Humanos en el mundo, seriamente lastrada, aunque la simple conciencia suponga un avance. En España; el derecho a la vida, por lo menos, se respeta más en Euskadi con eso de que ya no asistimos a ninguna matanza en el marco del boqueo del proceso de paz;  libertad de expresión, ahora con la modificación de la Ley de Seguridad Ciudadana parece se restringirá, pero ya se encuentra restringido de por sí, sin querer justificar la legitimidad de esa modificación legislativa, por presión social y concepto de seguridad previo, ¿quién se atreve realmente a opinar en España venciendo la autocensura o el miedo a la crítica?; derecho a la integridad física, está visto que en España solo sirve para algunos, dadas las malignas cuchillas en la vallas de Melilla; derecho a la sanidad; derecho a la educación pública.

¿Qué ocurre con el derecho a ser unx mismx?

¿Debería tratarse como un derecho fundamental y humano?

El consumo te consume

Esta pintada me recordó a otra que fotografié que decía “el consumo te consume”. /Donostia. J.M

“En una sociedad totalmente comercializada, en la que la venalidad y el máximo beneficio consistuyen los valores centrales de las cosas, cada uno se ve a sí mismo como un capital que debe invertir en el mercado con la finalidad de obtener el máximo beneficio (éxito), y su valor de uso no es superior al de una pasta dentífrica o un medicamento”, afirma Erich Fromm en su magnífica obra “Del tener al ser“.

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