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Arrasate-Mondragón. OPINIÓN.

La alegría llegó a la ciudadanía vasca cuando, el pasado 20 de octubre de 2011, ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada. La situación en el País Vasco ha mejorado mucho: el miedo se ha desacelerado. El mismo cese de la actividad armada abrió un sentimiento de tranquilidad que el País Vasco no había vivido desde antes de la Guerra civil. Semi-cerrada esa fase, se ha abierto el debate sobre quién es víctima y qué categorías de víctimas merecen más o menos atención, centrándose también sobre quién es responsable de todo el sufrimiento infringido y el reconocimiento del daño para avanzar, en un proceso de paz (muchas personas no están de acuerdo con este término) algo bloqueado por la ausencia de pasos tanto del Ejecutivo central como de ETA, mientras a la ciudadanía vasca le preocupa en especial el desempleo en el marco de la crisis económica.

1. Los beneficios de la construcción de paz en el País Vasco

La consolidación de la NO violenica se encuentra ya en la mente de la mayoría de la ciudadanía vasca. Al menos, en lo que se refiere a violencia directa, es decir, violencia en forma de atentados, bombas… Esta vía ha quedado ya descartada, aunque ETA no se haya desarmado. Sin embargo la violencia estructural continúa, es decir, la violencia del sistema, la excepcionalidad del derecho penitenciario penal en cuanto a la condenas de terrorismo y/o enaltecimiento del terrorismo. Así como de forma parcial la violencia cultural.

La diferencia del sistema guerra que antes se vivía al camino actual en la construcción de paz en el País Vasco es sustancial; el ambiente se ha destensado de forma significativa. Una situación muy importante en cuanto al respeto de determinados derechos humanos que se vulneraban de forma continuada: derecho a la vida, derecho a la integridad física, libertad de expresión y opinión, libertad de información.

Según el deustobarómetro, verano de 2015, el 63 por ciento de la población vasca cree que el desarme y la autodisolución de ETA es una condición necesaria para que el proceso de paz avance. Después, un 43 por ciento de la población sitúa “el reconocimiento del daño causado por los presos de ETA”, relegándose al último puesto, con un 21 por ciento, la necesidad del reconocimiento del derecho a decidir del pueblo vasco.

rechazo a la violencia de ETA

Rechazo a la violencia que ha ejercido ETA/ Ayuntamiento Vitoria-Gasteiz. J.M

Azota el latigazo de la crisis económica. En este nuevo escenario de crisis económica y la violencia que implica se ha visto cierto racismo/xenofobia respecto de inmigrantes que supuestamente venían al País Vasco para aprovecharse de la Renta de Garantía de Ingresos y no trabajar. Aunque al mismo tiempo, una ola de solidaridad se ha mostrado ante las noticias terroríficas de refugiados que se encontraban en las puertas de la Unión Europea, con la esperanza puesta en que dicha ola de solidaridad no caduque ante la competitividad despiadada de la crisis económica.

Si el sistema guerra implica un ambiente cargado y sólido, como si de una piedra de tonelada se tratara, confuso, muy confuso -la violencia produce mucha confusión ante el no entendimiento de las agresiones, asesinatos, torturas, victimización que produce- la paz es un camino, no de rosas, pero más relajado, donde cada ciudadano tiene una parcela de expresión, aunque el miedo inicial a expresar opiniones no se disipe del todo, de “obligatoriedad” de empatía y escucha. El mismo parón de violencia (directa) supone ya la apertura de un escenario donde se abren acontecimientos, expresiones, miradas, escuchas… que la propia violencia impedía. La paz se relaciona con mayor tranquilidad, no un camino líneal, en el que cada ciudadano/a pudiera preguntarse si ha sido víctima, cómo se ha sentido, qué ha hecho bien o mal, y cómo enfrenta la nueva situación; víctima tal vez de un atentado, de una tortura, del hecho de visualizar un atentado, sufrir prejuicios, apoyar la violencia, o haber sido objetivo de marginación y no aceptación. Es bonito comprobar cómo el mismo cese de la violencia (directa) produce ya un cambio de escenario progresivo, no perfecto, pero sí progresivamente más respetable.

Muchos ciudadanos/as se han liberado del “aburrimiento” que ha supuesto la constante permanencia de ETA en la sociedad vasca, sin que ello suponga insensibilidad ante el sufrimiento provocado. Muchas personas simplemente han querido y quieren ser felices, trabajar, llegar a casa y disfrutar. Existen muchas otras también que aspiran a ver un territorio libre y afirmar su identidad, y también quieren ser felices. Aunque al mismo tiempo existe una fuerte crítica ante cierta ausencia de participación social en el progreso del proceso de paz, a diferencia de Colombia -caso muy diferente, pero también proceso de paz- donde las movilizaciones sociales construyen paz.

Según el deustobarómetro social sobre la ‘opinión pública ante el proceso de paz’ (2013), “la ciudadanía desconoce el Plan de Paz y Convivencia del Gobierno Vasco, a pesar del riffi-raffe político y mediático que ha provocado. No obstante, cuando se le concretan, comparte algunos de sus principales objetivos: investigar en profundidad las denuncias por tortura, potenciar y completar el proceso de reconocimiento y reparación de las víctimas del terrorismo -ampliándose dicho reconocimiento a quienes sufrieron violencia estatal y parapolicial- y establecer una interpretación del pasado reciente compartida por todos/as”.

Dos años después, el último deustobarómetro social, verano 2015, muestra la percepción social de los principales problemas en el País Vasco: 1) paro. 2)mercado de trabajo. 3)Situación económica. 4)Recortes en servicios públicos. 5)Inmigración (…) El terrorismo ocupa el segundo puesto inferior en toda la escala.

Aunque la preocupación que genera la crisis económica sea clara, según este informe, el 78 por ciento de la población deslegitima la violencia, frente al siete por ciento que no está nada de acuerdo. El rechazo a la cadena perpetua se sitúa en un 31 por ciento frente al 46 por ciento que no está nada de acuerdo. Respecto de las “medidas que el Gobierno central podría adoptar en cuanto a los presos de ETA”, un 33,9 por ciento de la población vasca está de acuerdo en que “los presos cumplan una íntegramente su condena, pero acercándoles a su lugar de residencia”. Al mismo tiempo el estudio muestra cómo un 41 por ciento está de acuerdo en que se deje en libertad al líder de la izquierda abertzale, encarcelado, Arnaldo Otegi.

Las calles de Arrasate-Mondragón están más tranquilas, aunque por ejemplo en las fiesta de Maritxu la gente continúa cantando: “Madrid se quema, se quema Madrid…”, como bien ocurrió a principios de octubre. Las paredes de Mondragón siempre han sido un buen signo de ello: antes las embadurnaban en una media de cada dos semanas, pintadas que reivindicaban a ETA o los problemas en torno a la situación de presos. Ahora embadurnan esas mismas paredes una vez cada dos o tres meses. La última fue de hecho hace una semana, principios de octubre, cuando las paredes se cubrieron con el signo de “Euskal Presoak Euskal Herrira”.

La separación social en Arrasate-Mondragón ya no es tan aguda: gente de diferente signo, ideología… se mezcla más. Solo hace falta ver cómo antes determinadas personas salían en un lado del pueblo y otras en otro, ahora existe cierta mezcla, aunque el daño de la separación social no se haya cuestionado ni reparado.

Aunque la situación haya mejorado mucho cabe preguntarse cuándo se cierra un conflicto. En realidad, se trata de un proceso, en el que se puede ver la clausura de un conflicto en diferentes grados. Hemos cerrado el grado de los atentados, las bomas, el miedo colectivo. Eso siempre es positivo.

2. Apertura de debate sobre el relato: quién es víctima

Aquí enfrenta la sociedad vasca la reflexión del pasado; qué ha pasado, reponsabilidades individuales (quién ha apoyado, quién ha callado, quién ha hecho algo) y colectiva. Existe una fuerte crítica sobre cómo la sociedad vasca no está interesada en este periodo y el riesgo que implica a futuro no revisar el pasado. El debate se centra en discutir quién es víctima. En el Global Peace Workshop, en el ámbito del Justice after conflict, pudimos ver, debatir incluso sentir, cómo la definición de víctima es un término muy subjetivo, en realidad, nadie tiene el derecho de afirmar o negar el sentimiento de una persona en la categoría de víctima. En este sentido es necesario definir a la víctima en su propio contexto, y tener en cuenta el estándar moral universal. Con los obstáculos que además existen a la hora de reconocerse como víctima. Víctima suele relacionarse con una connotación bastante negativa: debilidad. Y existe resistencia a la hora de definir la propia víctima.

En este sentido me llamó la atención el listado de víctimas que presentó el Gobierno Vasco. En ella se hacía referencia a víctimas de ETA y GAl entre 1960 y 2010, una lista aún abierta. Pero no se hacía referencia a la ciudadanía. ¿Ha sido la ciudadanía víctima de alguna manera? ¿La categoría de víctima es únicamente la correspondiente a personas asesinadas? ¿Personas coaccionadas, amenazadas, cuya libertad de pensamiento y expresión ha sido vulnerado son víctimas o no lo son? En vez de pensar en categoría de víctimas, ¿por qué no se piensa en grado de victimización? Aunque esta última pregunta encierre también interrogantes.

De este asunto tan complejo, la ausencia o presencia de determinados partidos políticos en los homenajes a las víctimas. Si algo ha demostrado la evolución de la justicia transicional es la importancia del derecho de la víctima a su reparación, garantía de no repetición y justicia.

3. Aumento exponencial de iniciativas de paz

Llama la atención el trabajo que las instituciones de paz y transformación de conflictos están realizando en Euskadi. La capitalidad europea de Donostia 2016 refuerza esa posición, con ese eje de olas de energía para sobrepasar la violencia o elementos como “los tambores de la paz”, cómo la paz también puede retumbar, no solo la melodía horrorosa que la guerra produce. El proyecto Memoria-Lab que Gernika Gogoratuz lleva a cabo: talleres donde la ciudadanía puede expresar, compartir y escuchar sus propias impresiones, sentimientos, emociones… aunque se trata de espacios que movilizan en el interior. De hecho Gernika Gogoratuz se ha aliado con Donostia 2016 para llevar acciones de paz de forma conjunta. Es bonito ver cómo diferentes aliados se unen por un bien común. Bakeola, Centro para la Mediación y Regulación del conflicto, organiza también encuentros sobre convivencia. La Fundación Fernando Buesa organiza cine forums y seminarios sobre sociedades traumatizadas, entre otros aspectos como publicaciones y presencia en pos de la paz. Baketik que organiza Jornadas sobre Paz y Convivencia, y se dedican a gestionar procesos de transformación con sentido ético.

De la misma forma, se observa una proliferación o al menos apertura en literatura que revisa el denominado conflicto vasco (algunas personas tampoco están de acuerdo con este término), así como cine, documentales o teatro. El proyecto 43-2  es un buen ejemplo de ello, se define como una iniciativa de teatro que utiliza el teatro para construir convivencia, y su pieza “la mirada del otro” adquiere mayor importancia.

tambores curiosos en gasteiz

Un tambor curioso que fotografié en una ocasión en Gasteiz. /Vitoria-Gasteiz. J.M

Los encuentros entre víctimas de diferente violencia y entre víctimas y victimarios se han desarrollado también. El deustobarómetro, verano 2015, muestra cómo un 51 por ciento de la población vasca cree que estos últimos encuentros son útiles. Del mismo modo que los testimonios de víctimas en las aulas tienen un buen impacto en la percepción de la ciudadanía, aunque suscitan cierta polémica también: un 49 por ciento está de acuerdo frente al desacuerdo del 24 por ciento. Desde el Gobierno Vasco se ha creado el Instituto de la Memoria.

4. Desbloquear el proceso de paz entre la élite política y ETA

El Gobierno del Partido Popular continúa en su inmovilismo respecto del proceso de paz y ETA continúa sin desarmarse, aunque parece que se abre cierta posibilidad de desarme desde la esfera internacional. Arantza Quiroga abandona la política y su liderazgo en los populares vascos ante la imposibilidad de darle una vuelta a la posición de “inmovilismo” de su partido para dar pasos en el proceso de paz. El PP se niega a dar pasos si ETA no se desarma. ETA se niega a desarmarse si el PP no da pasos. ETA ya dio algún signo de desarme cuando los verificadores internacionales vinieron y grabaron aquel vídeo en el que hacía entrega de dos pistolas. Según el deustobarómetro, el 48,3 por ciento de la ciudadanía vasca cree que el Gobierno central no tiene “nada” con lo que ayudar a la construcción de una paz definitiva en el País Vasco. Un dato bastante alarmante. Se observa también cómo el progreso de un proceso de paz se amarra a resultados electorales.

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