¿Cómo se escribe una novela?

25 octubre de 2013 por Josune Murgoitio

A mi ego literario

“Esta carrera de fondo se hace en solitario. Si a ciertas alturas no eres capaz de juzgar tú mismo, mal camino llevas. A ese punto sólo llegarás de una forma: leyendo mucho, intensamente“, escribió Arturo Pérez-Reverte en “Carta a un joven escritor (I)” hace ya dos años, en su columna de la revista El Semanal. “Nada garantiza el fruto de tu esfuerzo, esa pasión donde te dejas la piel y la sangre, publicado algún día (…) la receta es leer, escribir, corregir, tirar folios a la papelera y dedicarle horas, días, meses y años de trabajo duro”, continuaba en aquel tono tajante, causándome algo de horror, aunque con el paso del tiempo he llegado a comprender a qué se refería.

Libros y papeles de revistas

Libros y papeles de revistas para una recital/ Vitoria. J.M

En esta última frase me encuentro yo, a escasas horas de que la primera lectora me cuente qué le ha parecido y responda las preguntas que tengo preparadas, en especial, una muy importante. Matizo que otra lectora me ha adelantado: la primera parte es algo densa (estoy de acuerdo y tengo que ver cómo solucionarlo) y en el Capítulo X se encuentra el mejor párrafor que he escrito (también estoy de acuerdo, incluso releyendo me sorprendí de haberlo escrito yo). Antes de irme a Turquía, entregué el manuscrito definitivo I (tal y como yo lo denomino) a tres lectoras y me fui para allá: portátil, cámara, grabadora, ganas de descansar, disfrutar, salir al mundo y reengancharme al periodismo internacional (tengo vicio).

Llevaba mucho tiempo encerrada en el estudio, aunque en el último año ya había empezado a salir algo. Durante el primer año me dediqué exclusivamente a la novela; cinco horas diarias sumergida en ficción, después me costaba mucho volver a la realidad y mi mente viraba en una soledad muy oscurecida, como si la novela me arrastrara. Desde el principio supe que la novela debía ser escrita en Mondragón: experimentar en propia persona el ambiente que describo sobre el conflicto vasco. “Volver a casa significa penetrar en silencio y, conscientemente, en el espíritu de nuestra propia gente, y desde aquí empezar a comprender a todas las gentes y las luchas a las que han tenido que enfrentar“, decía un post entre los muchos que colgaban en la pared en frente de mi escritorio, cuya autoría no apunté (disculpe de nuevo el creador).

El tema escogido (segmento social que sufre las consecuencias del conflicto vasco, reprimido y omitido, aunque sí hay algunas obras literarias que lo cubren como es el caso de Jon Maia, Riomundo) no es aleatorio. Lo que se expone en ella, a través de una gran mentira que es la ficción, es producto de mucho tiempo de reflexión.

Dos años después de que comenzara a escribir una novela sin tener ni idea de cómo se hacía, tras un descanso de tres meses en Turquía, la pared está vacía. Resultó gratificante quitar aquellos post: “escribe la novela que te hubiese gustado leer” o “la cuestión no es si algo es o no posible, sino simplemente cómo conseguirlo”, “libertad de elegir” o “1) visualiza 2)emociones”.

A lo largo de todo el proceso creativo he tenido presentes tres frases: 1) no escribo un libro de historia, escribo ficción. 2) Escribo la novela que me hubiese gustado leer. 3) Nada de lo que se escribe desde el corazón puede ser malo.

Escribir una novela es aprender a hacerlo

Buscar el propio camino, intentar hacerte con una especie de guía que mínimamente te marque en qué dirección general ir, tener confianza en una misma y hacer caso a la novela. Esteban Betanncour, escritor afincado en Madrid, me aconsejó escribir primero un guión, crear una especie de película en la mente sobre papel para ganar confianza, a partir de ahí desarrollarla a través de la visualización de los personajes que interactúan en un marco histórico. ¿Cuál es la perspectiva de cada uno de ellos respecto del conflicto vasco? Conocerlos, incluso respecto de los personajes que no gustan. Llegué a odiar a uno y llegué a llorar comprendiéndolo al final de la novela.

Bohemiada y verdad

Puede que se piense que lo que he escrito aquí es una bohemiada, pero es cierto/ Madrid. J.M

La novela habla, y esto suena muy bohemio, pero es así. Es difícil describir la sensación. La novela marca su propio ritmo, en mi caso ha sido de forma paralela a entender cómo ha funcionado Mondragón en su contexto de conflicto armado y por ello en sus inicios el avance del texto fue muy muy lento. La novela impone en muchas ocasiones cómo debe ser  (la mía tiene muy mala leche). Aunque no quieras hacerle caso y sepas que la idea que te expresa te llevará medio año llevarla a cabo, es imposible ignorarla.

Ser escritor o escritora no tiene nada que ver con publicar. De la misma manera, que ser periodista tampoco tiene que ver con trabajar en un medio de comunicación, entiendo yo. Creo que ser escritora, de la misma manera que con el periodismo, es una forma de vida, una perspectiva con la que se analizan los pequeños detalles. Cada escritor debe buscar su propia metodología de trabajo. Yo, por ejemplo, escribía la novela a la mañana, tres horas diarias, en horario estricto, el resto del día me dedicaba a ganar algo de dinero para sobrevivir, algo de periodismo, el antiguo blog que tuve hasta llegar a esta web… hay que hacerlo con determinación y persistencia.

Hábitos diarios para conseguir un objetivo

La inspiración no consiste en mirar al cielo y repentinamente sentirte alumbrada por una idea innovadora, sino que nace del trabajo diario. Escribir una novela es muy duro. Hay días buenos y muy malos, los últimos, en especial, cuando la impaciencia vence y ves que no avanza. Recuerdo un día en el que quise abandonar, me dio una especie de ataque de locura y empecé a gritar que no quería ser artista, quería ser ingeniera. Me sorprende cómo las personas disfrutan escribiendo novelas, aunque Esteban ya me advirtió que escribir la primera novela, generalmente, suele ser algo autobiográfica, es aterrador por la toma de decisiones, vencer la incertidumbre de cómo hacer, es un camino en solitario, no se puede tener un guía que te marque cada detalle, vencer el miedo a expresarse, vencer las críticas que llegarán (el silencio es lo peor que puede ocurrirle a un escritor).

En mi caso, más que disfrute, me ha supuesto una agonía: internarse en la oscuridad que siento en Mondragón por la vulneración de derechos humanos que se han perpetuado, en un claro consentimiento social que a mí me produce calambres, internarse en intentar comprender. Por lo que diariamente, sentarme en frente del ordenador, ha supuesto clavarme un puñal en el corazón, pero finalmente, una vez escrita la novela, aunque necesite de alguna corrección, he sentido su efecto liberalizador: Me he sentido igual de libre en el extranjero que en Euskadi.

La vida como una tarta

A veces nos fustigamos con una idea o un trabajo o una persona, pero la vida es una especie de tarta, y cada uno de sus trozos cuenta/ Isla de Rhodos, Grecia. J.M

Escribir sobre algo que afecta al corazón, irremediablemente esclaviza y duele, pero al mismo tiempo produce un gozo de alivio por expulsar en palabras lo digerido. Es una sensación muy bonita. También lo es, vencidos los días horrorosos, comprobar cómo las ideas conectan por sí mismas, aprender a separarse de la novela y estimarse como persona, más allá de escritora o periodista, saber digerir que tu necesidad de expresión es más importante que lo que cualquiera pueda decir, vencer los sudores fríos y los pensamientos malignos: no lo haces bien, no escribes bien, pierdes el tiempo mientras otros publican a diario o se patean las calles. Ante esos pensamientos malignos, he descubierto que lo mejor es: parar, escribirlos en papel, verlos tatuados allí y tomar distancia, continuar. Continuar es muy importante.

No  he cuidado en excesivo las descripciones. He usado un lenguaje claro y directo. He preferido complicar la línea argumental y me he obsesionado con la coherencia interna, el principio de confianza del lector respecto de la ficción, y un final a la altura de las expectativas, lo que no quiere decir que el final sea feliz. Desde pequeñita me ha molestado muchísimo las novelas que se enrollan en 800 páginas para acabar en cuatro míseras.

Pérez-Reverte finalizaba en su “Carta a un joven escritor (I)” con aquello de “el verdadero escritor se distingue del aficionado en que aquél está siempre dispuesto a aceptar cuanto mejore su obra”. En esa fase estoy, dispuesta a escuchar, con la perspectiva reanimada, con fuerza, pero no muchas ganas de seguir encerrada en el estudio, pero lo hago por ver el texto lucirse en la calle, con independencia de quién fuera a leerlo. Cuando una siente satisfacción, liberación y orgullo, el impacto del miedo a sufrir críticas disminuye notablemente.

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Me hizo mucha gracia encontrarme este cartel en la entrada de un bar/ Barcelona. J.M

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2 respuestas a “¿Cómo se escribe una novela?”

  • William de Aranguren

    Si cada meta que nos propusiéramos fuera sencilla de conseguir la vida seria muy aburrida. Día a día alguien o algo nos cambia y viceversa, creamos y destruimos, y mientras intentamos descifrar hacia donde caminar aparecen mil y un nuevos senderos que debemos recorrer; el primer paso es siempre el más importante.

    Adelante, espero poder leer tu novela.

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