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“El Hada de las Aspiraciones viene hoy hasta ti para animarte, desvelándote un secreto que es tan sencillo como grande: puedes aspirar a todo lo que se te ocurra, puedes desear lo que te apetezca, porque no hay límite en el universo infinito, sólo techos de cristal que nos ponemos nosotros mismos por miedo a crecer más de la cuenta”

He pensado en este fragmento, cuya autoría no apunté (dispulce el creador), al escuchar un nuevo comentario de una persona que está agobiada con un trabajo nuevo, un trabajo que realmente le gusta, por resultar elegida entre muchos otros que en principio tenía más experiencia que la persona en cuestión, con el miedo a no dar la talla, con la presión de “no cagarla”. “No tengo a nadie quién me diga cómo hacer las cosas, yo tomo las decisiones, muchas veces no sé si son acertadas, me estresa no tomar la decisión adecuada, no valorarme, ver que los demás cobran y yo no”, me comentaba el otro día una amiga, “ahora la única salida es el autoempleo”.

El autoempleo es un concepto muy bonito, pero duro en la realidad, más allá también de que los vaivenes emocionales sucedan cuando se alcanza por fin el trabajo deseado o se entiende que las circunstancias favorecen. Al volver de Turquía me he encontrado con el agobio social generalizado del que me fui: la crisis, la dificultad, ser joven, cómo hacer. Crear camino, abrir una puerta, toparse en un sendero sin construir es emocionalmente horroroso. A continuación vendría el consejo teórico de que algún día alguien te verá, te abrirá una puerta, y accederás. Mientras tanto, más nos vale continuar, no vaya a ser que muramos en una situación de espera agonizante. Una de las cuestiones que más me ha llamado la atención es la idea insistente de caminar sin ayuda de un guía o una persona que indique en qué dirección ir, qué pasos dar. “Es un constante de saltar paredes”, me respondía la chica cuando le decía que la comprendía muy bien, una “barricada de muros” que frustran y desesperan, pienso yo. Hay días que se lleva mejor, otros fatal.

Aprender de cometer errores

De todos los errores se aprende, un concepto teórico no arraigado/ Madrid. J.M

“Paciencia y persistencia”, nunca olvidaré el consejo que una vez me dio un director de un periódico. “No es lo mismo la paciencia que la obstinación”, me aclaró otro día otra persona. El problema es cuando en ese trenzar del camino se mezcla la pasión. Estamos hecxs para no arriesgar, para no aventurarnos por miedo a fracasar, o al menos, así lo pienso yo. Es un concepto del fracaso muy equivocado, interpreto. A continuación vendría el concepto teórico de que el fracaso consiste en no intentarlo, en no arriesgar, en “no cagarla”. ¡Y una mierda! El fracaso consiste en no conseguir lo que quieres, eso nos han enseñado: vivir de escribir, viajar, fotografiar, diseñar una habitación, tratar un paciente, investigar esto o aquello, analizar relaciones internacionales de los estados, corregir textos, editarlos… vete tú a saber.

Los jóvenes emprendedores (o no) estamos demasiados obstinadxs en que no tenemos experiencia, y con ello, en nuestra incapacidad para hacer las cosas bien. Hace tiempo que cambié esa percepción porque creo que es mentira, y de la cochina. Aunque tengamos mucho que aprender, tenemos motivación, ilusión y ganas de seguir.

Pienso en la situción del periodismo: cómo hemos llegado a los índices de desconfianza del lector, si ha sido resultado de los periodistas experimentados o no. No voy a hablar del ambiente vomitivo que se respira entre los periodistas; hablando cada día de libertad de expresión, cuando después hay miedo e incapacidad de ejercerlo, interponiendo muchas veces más barreras que ayudas, me lo reservo para otro post.

arriesgar aunque sea equivocándonos

“Lo tienes todo, pero también todo lo has hecho de forma correcta”, sería la traducción de esta frase. /Berlín. J.M

Es un post absurdo éste, simplemente, para decir que debemos intentar, sobre todo, en los días en los que creamos que el camino está bien oscuro, que no alcanzaremos la meta, no llegaremos dónde deseamos. Existe en nosotrxs una vocecita, muchas veces acallada por las expectativas ajenas o las líneas ideológicas dominantes en esta sociedad sola, sin capacidad de escucha, esa vocecita que nos dice lo que realmente querríamos hacer, y hay que hacerle caso, porque somos jóvenes, y tenemos la obligación de hacerlo, así lo decía Sampedro.

En estos días lamentables, respirar con fuerza, y continuar, si no es caminando, que sea cojeando.

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